Claire Becker

Volar entre nubes; escenarios irrepetibles de la imaginación
Por José Manuel Springer
Exposición fotográfica Ciudades de Algodón, 2012

El tema figurativo no es el centro del arte.
Es el acto de ver y conocer lo que da al arte su esencia trascendente.
Gilles Deleuze.

Si bien son muchos los artistas a lo largo de la historia que han visto en la nube una evocación melancólica que transcurre entre cielo y tierra, las nubes guardan secretos que sólo la sensibilidad entiende. La imaginación de Claire Becker permite atisbar escenarios operísticos que efímeramente replican la mitología y la alegoría fundamental de los dramas humanos: la muerte, la huida, el vestigio de ciudades utópicas y odiseas por mundos lejanos. Para la artista, como para algunos de nosotros, volar entre las nubes implica alejarse de la vigilia y sublimar aquello que llevamos en el interior.

Como se observa en estas fotografías pintadas con luz, la expresividad de las nubes escapa a cualquier noción de orden y proporción. En constante movimiento las nubes son el resultado del azar por excelencia, pues la suya es una existencia fugaz transformada en metáfora, que rehúye el significado estático de la forma sólida y cede al vacilante dibujo de la Naturaleza.
Sin embargo, se requiere de la mirada de Claire Becker para fijar en el instante una anécdota que se desenvuelve en un nimbo, para llenar nuestra mirada de personajes y descripciones de urbes flotantes y caballerías audaces cruzando el horizonte que separa a la realidad de la ficción.
A pesar de su existencia externa, las nubes revelan algo que llevamos dentro: la sensación de que la voluble vida de esas gigantes se parece a nuestro azaroso existir. Esa posibilidad de lo irrepetible y anecdótico es lo que anima a Claire Becker a realizar intervenciones sobre las fotografías tomadas desde los aires, para cazar la presencia fortuita de un fenómeno con la narrativa memoriosa del verso y la prosa. Elena Poniatowska, Marianne Toussaint y Stéphane Chaumet, nos hacen partícipes de historias sublimes, tan intemporales como llenas de fantasías, que se desenvuelven al mirar los suaves mantos de vapor de agua desplazarse entre los cielos de varias regiones del mundo, desde la Antártica hasta el Mar de Norte.
Revelador es el hecho de que las fotografías motivo de este trabajo fueran capturadas desde las alturas. Este es el ángulo que más se presta a captar el carácter onírico de estos cuerpos, que los hace aparecer como jardines, cordilleras y lejanías melancólicas. Entre los mares y el cielo azul, las nubes hacen patente su nostálgica presencia atravesada por los rayos de la luz diurna.
Las imágenes fueron captadas entre la aurora y el ocaso, cuando la luminosidad que reflejan sus rizos y estratos contrasta con la profundidad azul del cielo. Me atrevería a sugerir a la artista explorar asimismo las virtudes de la luz de luna sobre los evocadores mechones o cúmulos, la cual los volvería tanto más enigmáticos como expresivos por el claroscuro modelado de su volúmenes.
Los escenarios crípticos y las elocuentes figuras a los que las nubes nos tienen acostumbrados, se convierten en el arte de Becker en otra posibilidad de devolver al arte fotográfico su capacidad de hacer ficción de lo captado por la lente. En estas imágenes la fotografía no es el catalizador de un instante, es el principio de una interpretación narrativa a partir de la fenomenología natural; hecho similar llevó a los genios de la antigüedad a ver figuras en las constelaciones estelares.
En Incendio en la Ciudad Sagrada las formas de cúmulos levantan enormes masas de éter maleable, cuya plasticidad se presta para realizar una elocuente escultura virtual. Baste anotar aquí que el medio de expresión recurrente de la artista es el modelado escultórico.
La pintura ha producido majestuosos ejemplos de nubes y cielos anubarrados de todos tipos. El rompimiento de gloria es un subgénero cultivado por los pintores en el cual se observa el dramatismo de nimbos y cúmulos cargados de tonalidades, que entre severos contrastes lumínicos apuntan a la suprema existencia de un ser celestial o a un momento excelso, como la ascensión de Dios o la virgen.
El tema de las nubes es por excelencia fantasioso. El movimiento caprichoso de los cúmulos por la cámara celeste es totalmente ajeno al desplazamiento ordenado de los astros, del cual emanan las nociones del tiempo cronológico y la velocidad de la luz. Nada hay más absoluto en el conocimiento que los datos que nos proporciona el espacio sideral. Por tanto, las nubes se han convertido en el subterfugio de la lírica, la expresión estética y el sueño.
¿Será que las nubes son el sitio que alberga el paraíso donde se dan cita querubines y brujos para hacer de las suyas? ¿Será la volatilidad lo que hace de las nubes el terreno idóneo donde ocurría la liviandad mitológica de los dioses griegos? El asunto, como bien lo ha interpretado Claire, pertenece más al drama y la comedia que a la retórica. Quizá los técnicos en nubes, los meteorólogos, encuentran más de su gusto el tratamiento literario que les ofrecen las artes, pues son ellos quienes bautizan a los huracanes y tormentas con nombres comunes de mujeres y hombres de un panteón más humano que el de los clásicos helénicos.
Para el arte contemporáneo la blanca sustancia anubarrada que cubre el globo terrestre es uno de los aspectos de la naturaleza que sigue siendo fuente de alegorías y símbolos líricos. Dentro de esos bucles de espuma de vapor, es posible adaptar las más elocuentes fantasías efímeras, como aquella de Las chismosas, que descubre Claire Becker con facilidad sorprendente. El arte es hacer de lo conocido una revelación y de lo desconocido algo tangible y natural. Porque el arte produce conocimiento, que no es fruto de la razón o de la lógica, sino de la intuición y la contemplación.
Mientras escribo estas líneas, me asomo a la ventana y compruebo que en la ciudad en la que vivo es verano, época de lluvia, producto y materia de las nubes. Como a Claire Becker me gustan las nubes recortadas sobre un cielo azul, profundo; tienen el encanto de un adorno, son el encaje bordado de la naturaleza femenina, que activa la memoria y provoca la imaginación. Las nubes están hechas del material que alimenta sueños, esto es lo que nos hace patente Claire Becker al regalarnos estas imágenes fotográficas, en las que ella encuentra personajes que asoman en siluetas. Recordemos pues con Claire Becker que las nubes son realidades oníricas y que más que un tema por sí constituyen una forma de ver, producto del arte.

José Manuel Springer (México, 1960) es curador, crítico de arte, profesor de teoría y crítica de arte.