Claire Becker

La realidad desarmada
Gina Sotelo
Julio 2005

En la recopilación de ensayos a la cultura postmoderna de Hal Foster, Rosalind Krauss dice que en los últimos diez años, una serie de cosa bastante sorprendentes han recibido el nombre de esculturas: “Parece como si nada pudiera dar a un esfuerzo tan abigarrado el derecho de reclamar la categoría de escultura, sea cual fuere el significado de ésta. A menos, claro está, que esta categoría pueda llegar a ser infinitamente maleable.”
La escultura en una época de postmodernismo –definido por Krauss como “una ruptura en el campo estético del modernismo”- es como una bolsa elástica en la que cabe de todo: monitores de televisión, fotografías, espejos y cualquier cantidad de objetos heterogéneos que, desde que el urinario irrumpió en la sala de exposiciones, dio un giro irreversible al fenómeno escultórico.

Así de infinitas son las capacidades creativas de Claire Becker, escultora que lleva lo cotidiano y ordinario al terreno de lo artístico, convirtiendo los materiales en formas exquisitas como subversivas que pasen de la ingenuidad a la provocación, de lo sutil a la denuncia y del susurro al grito desesperado en La realidad desarmada, exposición que hasta fin de mes puede apreciarse en la galería del Museo de Antropología.
Integrada por las series Agridulces y Amarguras, Espejos y El síndrome de Pinocho, la muestra de Claire es un remolino de sensaciones, una avalancha de cuestionamientos y reflexiones que no pasen desapercibidas por el espectador, que deja de ser pasivo para completar el dialogo con la autora; no se puede no sentir nada al ver una cama con numerosas vulvas expuestas que, como si fueran pequeñas conchitas se ofrecen a quien pueda tomarlas cual si fueran golosinas (La mesa puesta II: Conchitas)
La mujer como ser inerte que se disfruta a voluntad queda también reflejada en La mesa Puesta I; Carnitas, composición de cantera, hierro forjado cromado y bronce que cual piedra de sacrificio y mesa de carnicero se convierte en una inquietante obra.
En La herida –una vez más en torno al machismo- Becker explora la fragilidad del ser: tres rostros ambiguos, sin edad o raza revelan heridas en tres niveles, las físicas, mentales y espirituales. “La mujer –dice la autora- ha sido educada para siempre estar dispuesta, siempre se le dice “trapea y luego abre las piernas”. Becker toma el control de la televisión y lo transforma en bastón de mando con el que la mujer cambia de humor según el deseo del padre o del amante.
En Agridulces y Amarguras fusiona los dulces y el azar como metáfora humorística. La joven escultora opina sobre esta serie que el engaño más grande de este mundo físico tiene que ver con las cosas que atraen y prometen dar placer. El expendedor de dulces se transforma en alegoría pues al introducir una moneda en la máquina de la vida, no se sabe si la experiencia que nos toque vivir será positiva o no.
“Aunque me cuides y me des de comer, mi energía no te pertenece.” “Aunque me compraste en un mercado, mi vida no te pertenece.” “Aunque soy muy sabrosa, mi carne no te pertenece.” “Aunque dependa de ti, mi felicidad no te pertenece.“ “Aunque seas más fuerte, mi voluntad no te pertenece” , son las frases que acompañan a los cochinitos de Claire Becker. Suculentos cerditos de resina cristal y acrílico en los que estos seres –reflejo de cualquier ser vivo- defienden su derecho de independencia y autonomía, son llamativos y atrayentes, presa favorita de quien se cree más fuerte.
Chocolates gigantes en una fina caja de terciopelo rojo evocan a Forrest Gump, quien decía: “La vida es como una caja de chocolates, nunca sabes cuál te tocará.” Así es este homenaje de Becker en Life is like a xalapeños chili pepper.
Los espejos es la serie que aborda los juegos múltiples, el interior y el exterior como interpretación de la vida: “Si estas triste, verás cosas tristes; según nuestro interior es el exterior”, dice la escultora.

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El síndrome de Pinocho, verdaderos muñecos atrapados en la rueda de la vida, son otro concepto, uno crudo, real y abierto, personajes adultos, artificiales que de inocentes nada tienen. “Si tuviera un alma sería mi más preciado tesoro”, dice David uno de los muñecos reales de Becker.
Así la escultura de Claire Becker no se organiza alrededor de la definición de un medio dado sobre la base del material o de la percepción de éste, sino que se organiza a través de un universo de términos que se consideran como opuestos dentro de nuestra realidad cultural. Reflejo fiel del arte de hoy.
En La Realidad desarmada. La autora demuestra que la creación siempre está viva y en permanente evolución. A través del humor y la crítica, Claire Becker comparte una parte de su mente, de su sentir, de su vida. Expuesta en el Museo de Antropología de Xalapa puede visitarse hasta el 29 de Julio…

Gina Sotelo (Ciudad de México), maestra en estética y arte, es periodista, ensayista y conductora de radio y televisión