Claire Becker

Pienso, luego siento, entonces juego: Claire Becker
Por José Springer, 2006


Contundente, ingeniosa, luminosa, y evocativa, son adjetivos que describen la producción de Claire Becker, artista que tiene muchas cosas que revelar sobre las interacciones entre los seres humanos. A primera vista se advierte en la obra escultórica, los objetos y las instalaciones, un decir de la autora que con sencillez descubre el cuerpo humano en sus más descriptivos detalles. En estas piezas la interacción del material diverso (desde piedra, yeso, metales y objetos encontrados) sitúa la temática en un contexto simbólico, rebosante de un carácter tan irónico como elegante.

Claire Becker nació en Francia. Inicialmente se dedicó a la pintura y la danza, que abandonó a favor de la escultura luego de una prolongada estancia en Nueva York; actualmente reside en Jalapa, donde presentó su más reciente exposición personal en el Museo de Antropología.

El cuerpo humano fragmentado es la plataforma y común denominador de su propuesta. La relación entre el fragmento y la realidad no es sólo de apariencia, ya que en varias de sus obras las imágenes pueden parecer signos más que iconos. En su producción existen dos niveles de lectura: el nivel plástico experimental y el narrativo. Los fragmentos desempeñan funciones puramente simbólicas: oídos, bocas, vaginas, le sirven para reconstruir mundos fantásticos envolventes por la manera en que son resueltos físicamente: vaciados en yeso, recubiertos con plata o contenidos dentro de cajas alegóricas. Como narrativa, estos fragmentos ejercen una seducción, sugieren una transgresión del cuerpo y de las fronteras de géneros, con la posibilidad de perderse en el otro.

Dentro de ese universo corporal fragmentado hay partes, como el rostro y la cabeza, que recuerdan a seres de ciencia ficción, más allá de lo humano, que reflejan una fuerza vacía que está destinada a cumplir otra función distinta a la que normalmente se les asigna. Así por ejemplo, La herida, es un conjunto de tres cabezas realizadas en resina. Cada una ostenta un tipo de signo que revela la manera en que el cuerpo se ha convertido en una máquina, de deseo, de sujeción, o de represión. Por medio de una parte del cuerpo, la artista reflexiona sobre la identidad total del mismo en su contexto.

En el arte contemporáneo el rostro y sus partes integrantes (nariz, oídos, labios, ojos) ha sido utilizado como una estrategia para restituir la identidad del sujeto. Tras la desaparición del cuerpo como una entidad autónoma y autocontenida, el fragmento del rostro es utilizado para deducir la carga psicológica y social que conforma al individuo. Cada uno de nosotros tiene un sentido especialmente desarrollado que lo identifica: así podemos hablar de personas con buen oído, con un gran ojo, o con una boca muy expresiva. A partir de esta configuración formal Claire Becker reconstruye en la obra titulada Bbla las partes emisora y receptora de la cabeza, para indagar en el sonido y el silencio como formas de comunicación que no siempre logran del todo su cometido.

Según John Berger la representación de las partes sexuales de la mujer estuvo condicionada durante la tradición pictórica por la eliminación del vello púbico. La presencia de éste era considerada un detonante de la pasión sexual de su poseedora, por tanto el artista occidental elimina el vello, para subrayar las líneas de la forma sexual y hacerla más apetecible al observador. Balthus, Magritte y Delvaux recurrieron frecuentemente a este tipo de representación. En la obra de Claire Becker La mesa puesta II: Conchita, la vagina tiene la connotación de una fruta, dispuesta de manera que parece lista para ingerirla y disfrutarla; lejos de ser El origen del mundo, como lo proponía Courbet en su célebre pintura, la vagina aparece aquí como la fruta de la discordia entre mujeres y hombres. Esta forma de juego y alusión a la carga erótica (y neurótica) de la energía sexual es cercana a la obra de la escultora francesa Louise Bourgeois, que deja de lado el falso pudor asociado a la forma para convertir el fragmento en signo de la reducción de la identidad femenina a su papel de servidora. Colocadas sobre a una pequeña cama, que se encuentra sobre una mesa dispuesta, la alegoría de la mujer domesticada, pero pleno de deseos y carnalidad, trastoca el rol social impuesto a la mujer.

La experimentación material reduce la importancia de los signos y enfatiza el concepto sobre la forma. Tal es el caso de Pecados de la mente donde percibimos primero la fuerza de la materia prima, de la cual emergen formas que no tienen una relación espacial visible, quizás por el brillo del material reflejante, pero que están firmemente enraizadas en el mundo orgánico. Se trata de formas fluidas de las cuales surgen sorprendentes esculturas antropomórficas. Etimológicamente la palabra material surge de madre y maternal; la manera en que Claire Becker utiliza el material lo convierte en una especie de madre de la invención y la plasticidad de la forma, deja entrever la fusión de rostros gesticuladores en un movimiento congelado.

De manera semejante, utilizando la develación paulatina de los contenidos, Je Pense es una escultura-objeto que reinterpreta la unión de cuerpo y mente, el eterno dilema de la condición humana. Su objeto expone un juego de luz y ocultamiento por medio de una caja hecha con espejo de dos vistas, colocada sobre un pedestal. Lentamente ese enciende una luz interior que devela durante breves segundos el contenido: varias cabezas masculinas vaciadas en metal reflejante, cuyas miradas coinciden en el centro, signo de la búsqueda de orientación. En los costados del pedestal se lee la famosa sentencia de René Descartes: Pienso luego existo, que dio lugar a la racionalidad moderna e inició la división, por demás artificial, entre el conocimiento artístico sensorial (considerado relativo y cuestionable) y el conocimiento producto del método racional. La propuesta de Claire Becker rescata la unidad de este dilema (añadiendo la sentencia de façon limitée, de forma limitada, en los costados del pedestal), en el que la luz, símbolo del conocimiento, juega con la obstrucción del espejo, signo de la percepción sensorial.

Algunas piezas elaboradas con objetos encontrados recuerdan las soluciones del arte Pop. A pesar de que inicialmente los objetos tienen una apariencia estética cotidiana, su significado se complejiza con la adición de palabras que llevan la situación hacia un acertijo visual que establece otra lectura, lo cual no es común en la obras de los artistas pop. En el caso de Becker se trata de una asociación lingüística más cercana al humor surrealista de Duchamp. Life is like es una broma visual que comienza con el lugar común, definir el significado de la vida, y nos lleva a ponderar si esa es en realidad la pregunta o sí estamos haciendo la pregunta correcta.

Es evidente que Claire Becker ha seguido el camino del arte precisamente porque no tiene reglas. Esto le permite modificar las formas de lectura que constantemente aparecen impuestas en la comunicación visual, los estereotipos y los prejuicios. Su trabajo no obstante, también ofrece una vertiente sensual, más metafísica, en la que los objetos se construyen como poemas visuales de gran belleza. En este caso se encuentran piezas como Arrecife, bella instalación que semeja una cascada de hojas volando. En una inspección más cercana se puede observar que éstas hojas son en realidad los cuencos de manos, que en su delicadeza y la evocación de una caricia, sugieren la reconstrucción poética del mundo a partir de nuestros cuerpos y deseos.

En su capacidad para dar forma visual a los pliegues y resortes del temperamento de cada cultura, la artista revela la influencia de tres civilizaciones de las cuales se ha alimentado su experiencia: el racionalismo lingüístico sajón, la sensualidad elegante característica de la cultura francesa y el complejo barroco de los materiales y mano de obra mexicanos. Como artista en búsqueda de nuevas identidades, Claire encuentra en sus piezas el punto en el que la crítica se une con lo irónico, éste flirtea con lo sensual y el todo se funde en un material multifacético y reflejante.

José Manuel Springer (México, 1960) es curador, crítico de arte, profesor de teoría y crítica de arte