Claire Becker

El Aire que Respiramos
Reflexiones acerca de una Escultura de Claire Becker

Por Dr. Stefanie Dathe
Libro-catálogo El aire que respiramos, bienal de Venecia 2009


En primer lugar, la boca con su dosis de erotismo y carnalidad inmanentes. Ahora bien, piénsese no en una sino en varias bocas ensambladas concéntricamente en una esfera pulida de bronce, una mórula toda visible, un polímero amorfo, un globo de vitalidad. Aún más: de ese ensamble de labios silenciosos borbotea agua.
Esta escultura monumental de Claire Becker se introduce con tal gesto surrealista que socava al orden natural y causal de las cosas tangibles. Aparece como forma corporal cerrada, un organismo híbrido que a primera vista simplemente se ocupa en representar a detalle diversos labios humanos. Éstos, sobredimensionados y realizados a partir de modelos de personas reales, se convierten en motivo y tema de una escultura que juega con la metáfora de la sensualidad de uno de nuestros órganos más importantes.

Al reducir la figura humana a unos simples labios, Claire Becker redimensiona ese ritual de paso entre el interior y el exterior, entrada a la hermética oscuridad del organismo oculto y salida al mundo de la articulación sensible. Son difíciles de interpretar los estados de ánimo de esas bocas sensuales, las cuales se solidifican en un momento expresivo de significados múltiples, al formar entre si unas expresiones ambivalentes entre sonrisa, placer y naturalidad. Los labios están cerrados, apenas separados por unos delgados tubos que la artista colocó como pasadizos para el intercambio entre el mundo interior y el entorno. Se presentan en franco parentesco y posición similar a la de unos cigarrillos sostenidos con soltura…

Sin embargo, de las falsas colillas de la escultura no sale humo: Claire Becker las ha convertido en delicadas gárgolas de donde brota una filigrana acuífera. El vaho del mundo, el aliento de la vida, se condensa en aquella sustancia preciosa, que es la piedra angular de la base de la existencia terrenal. Incesante e ininterrumpidamente emana el fresco líquido de las bocas. La esfera de los labios se convierte así en el símbolo de un proceso de creación cósmica eterna. La fuente de la vida parece nunca agotarse.
La concepción artística de Claire Becker nos impacta ineludiblemente como espectadores. Ha impreso su fantasía surrealista en el férreo bronce. Las bocas esculpidas, cuya intención estética es coherente con la forma esférica monumental, parecen nacer de ésta. Sin principio ni fin. La piel de bronce refleja la luz, que engrandece y trastoca la forma en una imagen idealizada, un monumento a lo efímero de la existencia.

(traducido al español por Ana Clavel)